¿Cómo era el panorama empresarial en el siglo XX para la mujer panameña?

Desde el inicio de la vida republicana, las mujeres, sobre todo las de los sectores populares, las acompañantes de los trabajadores de la construcción del ferrocarril y del canal, dedicaron sus esfuerzos a recabar unos pocos recursos económicos adicionales a los de sus parejas, a la lavandería, aseo, costura y enseñanza, las pocas que sabían leer y escribir. Las mujeres con recursos económicos se dedicaban a la filantropía. Estas tareas se fueron transformando con la aparición, en los años 20 de la nueva administración doméstica (economía doméstica), la nueva crianza de los hijos (puericultura), los nuevos medios de comunicación (la radio y el cine).

Con su entrada al escenario nacional del Movimiento Sufragista, liderado por Clara González, (finales de 1922), imprime una nueva visión del rol de las mujeres con la presentación del Grupo Feminista Renovación y de la Sociedad Nacional para el Progreso de la Mujer, espacios donde además de la demanda por la participación política e igualdad de derechos, se aprendía a leer, escribir y se preparaba en otros oficios que permitían incursionar en la economía local. Primero las modistas, luego el magisterio y posteriormente la abogacía (1922- Clara González primera abogada) son los oficios que permitieron ciertos ingresos propios, pero precarios, que no permitían mucha autonomía a las mujeres panameñas.

¿Cuáles eran los principales desafíos?

Han sido mucho los obstáculos que han encontrado las mujeres para acercarnos a la independencia laboral. Entre otras razones, el principal obstáculo es la existencia de un sistema patriarcal que ha asignado a la mujer el espacio doméstico y el cuidado de la prole y a los hombres el espacio público y el domino del espacio doméstico. La tenencia de los recursos, es hoy un tema de debate en miles de hogares panameños, donde a pesar del aporte sustantivo de las mujeres, no se comparten los gastos por igual. Las tareas reproductivas y domésticas ocupan una doble jornada de las mujeres y triple cuando aspiran a estudiar, a hacer política o trabajar en la comunidad. Las violencias contra las mujeres sigue siendo el segundo delito después del hurto. 13,877 casos en el 2011, vs 16,660 en el 2013. Así mismo los delitos contra el pudor y la libertad sexual aumentaron de 1,822 (2011) a 2,085 en el 2013. Las niñas y las jóvenes de 5 a 17 años constituyen entre el 75 y 80% del total de las víctimas de abusos sexuales. Las mujeres entraron a la arena de participación política casi a mitad del siglo XX (1946), luego de medio siglo de ejercicio ciudadano por parte de los hombres, con las dificultades propias de no tener acceso a los puestos de toma de decisión y poder. Los resultados los seguimos viviendo hoy, dado que la representación de las mujeres en los tres órganos del Estado comparativamente, mucho menor que la de los hombres. Las estadísticas son contundentes. Mientras las mujeres no puedan decidir plenamente sobre sus cuerpos, con conocimientos oportunos y, acceso a medios de cuidado del cuerpo y de la sexualidad, no podemos hablar de la igualdad de género, de la igualdad de derechos, ni de la igualdad ciudadana. El mercado laboral denota una flagrante discriminación hacia las mujeres, que a pesar de estudiar más y tener más formación profesional, se priorizan los hombres, para “ahorrar” los gastos de embarazo y parto.

¿Podría mencionarnos algunas empresarias que se abrieron paso en el empresario panameño?

A partir de la aprobación del voto para las mujeres, sobre todo desde finales del siglo XX muchas mujeres han incursionado tanto en la organización, como en la dirección de empresas de distintos niveles y ramas de producción o servicios: dueñas de escuelas, de medios de comunicación, de sociedades compartidas con hombres a los que en algunas ocasiones superan; son corredoras de seguros, de aduanas, administradoras de empresas, emprendedoras de artesanías, constructoras, artistas a nivel internacional y nacional; policías, pilotos; inventoras, banqueras, sanadoras, comunicadoras, DJ, creativas y creadoras de programas de medios masivos de comunicación y de TIC’S, hoy, ya no hay rama del saber y de la producción donde no estén presente mujeres exitosas, que amasan fortunas con sus iniciativas, pero aún ellas, tienen que luchar cada pulgada, en el patriarcado, para que sus logros sean igualmente valorados, igualmente reconocidos e igualmente divulgados. Destacan como empresarias, que además de ser exitosas, hacen denodados esfuerzos por incidir en la transformación de esa realidad de inequidad, mujeres como Dagmar de Alvarez, pionera en Apede, Mery Alfaro y Mercedes Eleta (Fondo Global), todas con una larga trayectoria de trabajo con mujeres para la incidencia y la transformación de las condiciones de desigualdad.

¿Cuáles serían los principales avances y que nos queda pendiente para revetir la desigualdad?

Si bien se han logrado conquistas fundamentales que ya han sido aprobadas en otras latitudes y en otros espacios, todavía falta mucho camino que recorrer. Todavía se lucha en este país por el derecho a recibir educación integral en sexualidad, acceso a la salud sexual y a la salud reproductiva de la niñez y la adolescencia, para prevenir los embarazos precoces, las Infecciones de Transmisión Sexual, los abusos sexuales y la seducción de los adultos hacia las adolescentes y jóvenes. Hacer operativas las normativas nacionales y las Convenciones es una deuda que no ve pronto cumplimiento en el horizonte, por falta, fundamentalmente de voluntad política. Mientras que las demandas por la equidad total no sean compartidas por la otra mitad (los hombres), difícilmente nuestra sociedad avanzará a la velocidad que deben ocurrir los cambios para revertir los efectos del patriarcado sobre la sociedad.